miércoles, 31 de julio de 2019

Puntos de vista



Cuando el caos comenzó, dejó su refugio en el árbol centenario y voló tan rápido como fue capaz. Debía darse prisa si quería llegar a tiempo para avisarlos a todos.

Cruzó el cielo hasta una pequeña arboleda que se encontraba a las afueras de la ciudad y allí encontró a una pequeña parte del grupo.

— ¡Al cementerio! ¡Rápido!

Volvió a levantar el vuelo para dirigirse hacia el resto. Por suerte, podía verlos desde allí mismo posados en grueso cable del tendido eléctrico.

— ¡Al cementerio! ¡Vamos! ¡Es urgente!

En apenas unos minutos todos estaban posados en el mismo árbol del que partiera para dar el aviso. El caos había llegado a su fin y el silencio dominaba sobre todo lo demás. De pronto el cielo se cubrió por completo de un manto de plumas negras que, tras caer, dio paso al inicio del acto.

— ¡Disfrutemos del festín!— graznó orgulloso mientras descendía.

Y es que quizás había sido dramático para otros, pero para aquel grupo de cuervos se trataba de un día de suerte.


—FIN—

  
Este es el microrrelato correspondiente a julio y se engloba en el #OrigiReto2019 creado por StibyKatty (en ambos links a los blogs de cada una se pueden consultar las bases). Este texto cumple con lo siguiente:

Caracteres:989
Objetivo #9: Utiliza en cementerio como escenario para un relato.
Objeto #15: una pluma.

Este microrrelato, además, se enlaza con el relato de julio de Gema Seelie, Salvación. Gracias por leerme, como siempre, y se agradecen muy mucho los comentarios. 




viernes, 28 de junio de 2019

¡Boom!


Somos conscientes de que muchos no entenderán lo que vamos a hacer. La prensa nunca nos ha tratado bien y no esperamos que eso cambie, pero no nos vamos a detener. ¿Cómo puede alguien quedarse sin hacer nada ante tamaña atrocidad?

Después de acabar con todo vestigio de naturaleza en la superficie ahora quieren hacer lo mismo con el fondo del océano. No se lo vamos a permitir. Las cargas explosivas están a punto. Sabemos que en la inauguración del Titanic Hotel habrá mucha gente inocente, pero asumiremos esa carga. También quedará sobre nuestras conciencias el hecho de que una parte de la biodiversidad de la zona será dañada. Pero no importa, debemos para esto aquí y ahora.

El detonadar marca cinco segundos, ya no hay vuelta atrás. He cumplido con mi misión, sonrío mientras escucho los últimos tic-tac...



—FIN—

  
Este es el microrrelato correspondiente a junio y se engloba en el #OrigiReto2019 creado por StibyKatty (en ambos links a los blogs de cada una se pueden consultar las bases). Este texto cumple con lo siguiente:

Caracteres: 815
Objetivo #16: Escribe un relato que transcurra al completo bajo el agua.
Objeto #27: el Titanic.

Este microrrelato, además, se enlaza con el relato de mayo de Chery, Herencia, aunque en este caso no estoy muy seguro de que le vaya a gustar el giro que he escogido. En cualquier caso, gracias por leerme, como siempre, y se agradecen muy mucho los comentarios. 


Sola no puedes, con amigas sí


La Cigarra había cantado desde que tenía uso de razón. Además, desde muy pequeña también había aprendido a tocar la guitarra y lo hacía realmente bien. La música la hacía realmente feliz por lo que decidió que dedicaría su vida a ella. No era el trabajo más estable que existía, pero durante unos años fue capaz de vivir de ello, no sin ciertos altibajos. Había muchas salas donde podía tocar y a la gente le gustaba lo que hacía. Era un camino duro, pero no lo hubiera cambiado por nada del mundo. Sin embargo, los tiempos estaban cambiando y una oscura sombra empezaba a acechar.

Ella misma iba notando cómo cada vez acudía menos público a sus actuaciones. Los locales que en otro tiempo estaban abarrotados ya no llenaban ni siquiera la mitad de las salas. Esto era debido a que las jornadas de trabajo habían aumentado su duración últimamente y, tras un día tan largo y agotador, la mayoría apenas tenía fuerzas para salir a divertirse. Tampoco mucho dinero, pues aunque trabajaban más que nunca, cobraban el mismo salario. Las numerosas salas de concierto fueron desapareciendo poco a poco y el trabajo para la Cigarra comenzó a escasear. Cuando el último local cerró, ella no se resignó a seguir viviendo de lo que más le gustaba así que, a falta de un sitio en el que hacerlo, comenzó a tocar en la calle.

No le resultó fácil comenzar, pues casi nadie se quedaba a escucharla y, de éstos, no todo el mundo le dejaba dinero, pero disfrutaba mucho haciendo llegar su música a todos lo que pasaban por allí. La única que siempre se paraba era la Hormiga. Pasaba por allí casi al caer la noche, cuando terminaba su larga jornada de trabajo. Al ver a la Cigarra la miraba con desprecio y le decía:

—Cigarra, ¿por qué no buscas un trabajo de verdad y dejas de alborotar la calle?

La Cigarra, que no quería discutir con la Hormiga, sonreía y tocaba algunas notas para ella pensando que algún día entendería que no existía otro trabajo más real y verdadero que el que ella hacía.
Conforme fueron pasando los meses y el invierno se acercaba, la Cigarra empezó a acumular más y más problemas de dinero. Para cuando el frío llegó y la nieve empezó a cubrir las calles, había sido expulsada de su casa y ni tan siquiera tenía para comer. Así que, una noche en la que ya no podía aguantar más, siguió a la Hormiga hasta su casa y le pidió ayuda:

—Hormiga, no tengo nada que comer ni casa en la que dormir y calentarme, ¿me ayudarías?

A lo que la Hormiga le respondió mientras le mostraba un cheque con el dinero ganado ese día:

—Cigarrita, cigarrita. Si hubieras tomado un trabajo serio cuanto te lo dije, ahora no tendrías estos problemas.

Tras lo cual le cerró la puerta en las narices, dejándola en la calle cubierta de fría nieve invernal.

La Cigarra, desesperada, lloró y lloró, y justo en aquel momento pasaban por allí una mariquita y un escarabajo empujando una caja de madera. Al ver a la Cigarra allí sola llorando, se pararon a hablar con ella.

—¿Qué te pasa Cigarra? ¿Por qué estás llorando? 

—Es que me he quedado en la calle, tengo hambre y frío y no sé qué hacer.

A lo que los otros le respondieron:

—Ven con nosotras, adonde nos dirigimos hay más compañeras como tú. Y mira, llevamos comida.

Descubrieron un poco la lona que cubría la caja mostrándole su interior y retomaron el trabajo que habían interrumpido. La Cigarra, contenta de nuevo al ver que cambiaba su suerte, les ayudó con las  escasas fuerzas que le quedaban.

Llegaron hasta una vieja casa donde se encontraba reunida una muchedumbre tan variada como ruidosa. Pero no se trataba de un ruido molesto, sino festivo. Allí la Cigarra encontró a otras como ella, también más mariquitas y escarabajos, grillos, pulgas y así hasta un largo etcétera. No tardó mucho en contagiarse del ambiente, coger su guitarra y tocar y cantar para todas las compañeras.
Desde aquel día, la Cigarra vivió en compañía de sus nuevas amigas. Se organizaban entre todas para realizar las tareas necesarias: unas limpiaban, otras conseguían comida, otras se encargaban de arreglar los desperfectos. Ella hacía lo que podía para colaborar, pero sin duda lo que mejor se le daba era amenizar las noches con su música. Con el tiempo, aquel lugar fue acogiendo a todos los que, como ella, se estaban viendo afectados de aquel sistema que estaba destruyendo la vida en la ciudad y, con la idea de construir una alternativa, empezaron a trabajar con ilusión y energía.

La Hormiga, por su parte, cada día trabajaba más horas, pese a lo cual, no conseguía obtener más que lo justo para vivir. Hacía meses que su jornada laboral no le dejaba tiempo más que para comer y dormir. Estaba segura de que si seguía trabajando duro algún día conseguiría vivir mejor. Pero no fue eso lo que ocurrió. Por el contrario, todo se fue encareciendo mientras su salario, aunque trabajaba más que nunca, se mantenía al mismo nivel. Pronto los cheques que antes mostraba orgullosa, ahora, sin fondos, los ocultaba en un cajón donde no pudiera verlos. Intentó ahorrar comiendo menos, pero apenas le dio para la siguiente subida. No sabía que más hacer, llevaba tanto tiempo sin comprar nada nuevo que era absolutamente imposible reducir un gasto que no existía. Finalmente, cuando no fue capaz de reunir suficiente como para pagar por su casa, el banco la amenazó con desahuciarla. La Hormiga prometió trabajar más y tratar de conseguir el dinero necesario, aunque sabía que no era posible. Al no poder cumplirlo, al siguiente mes le llegó el aviso de desalojo.

El día fijado, la Hormiga no fue a trabajar por primera vez en muchos años. Había decidido no abandonar su casa. La situación era injusta, ella había seguido siempre las normas y había trabajado, al menos, tantas horas como el que más, así que no se merecía que la echaran de allí. Por eso no abrió la puerta cuando vinieron los del banco ni tan siquiera cuando amenazaron con llamar a la policía. La Hormiga estaba asustada, pero se mantenía firme. Sabía que poco podría hacer cuando llegaran los agentes pero no titubeó. Se sentó detrás de la puerta dispuesta a mantenerse allí todo el tiempo que pudiera.

De pronto empezó a escuchar ruido en la calle. Pensó que quizás había calculado mal y en lugar de un par de agentes vendrían muchos más a sacarla de allí. Eso la asustó aún más, pero al prestar atención se dio cuenta de que lo que escuchaba eran cosas diferentes: voces, palmas, tambores e incluso guitarras. Desconcertada, abrió la puerta para ver lo que sucedía y lo que encontró la dejó patidifusa. Una multitud se agolpaba frente a su puerta en un ambiente festivo. Todas aquellas desconocidas gritaban, cantaban, saltaban y bailaban mientras al otro lado, impotente, dos agentes de policía esperaban sin poder hacer nada para atravesar la barrera formada por tantos y tantos cuerpos. Cuando su paciencia se agotó se marcharon resignados provocando un grito de júbilo entre toda aquella muchedumbre que había salido de la nada para ayudarla. La Hormiga lloró de alegría, más aún cuando reconoció entre la multitud a la Cigarra que tantas veces había reprobado. Ésta dejó de tocar la guitarra por un momento, se acercó sonriendo hasta la Hormiga y ésta, con los ojos llenos de lágrimas, le dijo:

—Pero Cigarra, si yo te traté mal, ¿por qué has venido a ayudarme?

A lo que la Cigarra, haciendo con sus manos el signo de la victoria le respondió:

—Porque sola no puedes, pero con amigas sí.

La Hormiga, sin poder parar de llorar, abrazó a la Cigarra y se unió a la fiesta que duró hasta altas horas de la noche. Desde entonces, la Hormiga formó parte del grupo junto a la Cigarra y al resto de compañeras para ayudarse entre ellas y a cualquiera que lo necesitara.


—FIN—

 
Este es el relato correspondiente a junio y se engloba en el #OrigiReto2019 creado por StibyKatty (en ambos links a los blogs de cada una se pueden consultar las bases). Este texto cumple con lo siguiente:

Palabras: 1348
Objetivo #12: Crea tu propia versión de un cuento conocido (La Cigarra y la Hormiga).
Objeto #5: Un cheque sin fondos.
Objeto #10: Un instrumento musical.

Aquí os dejo un nuevo relato después de un mes de sequía, en este caso mi versión de la conocida fábula de La Cigarra y la Hormiga. No es lo más elaborado que he escrito, pero me gusta el enfoque que toma la historia con cambiar un poco el punto de vista, sobre todo en los tiempos en que vivimos. Espero que os guste y, como siempre, se agradecen muy mucho los comentarios. Gracias.

viernes, 31 de mayo de 2019

Sobrevivir

—No eres muy habladora.
—¿Ah no?
—No. Llevamos juntos varias semanas y sólo me dices cosas como "quédate aquí", "no cruces esa calle", "cómete esa lata de conservas aunque esté caducada y no te quejes", "cállate y duerme", "si no regreso en  dos días dame por muerta"...
—¿Y qué más necesitas saber?
—Bueno, Mamá siempre me contaba historias de antes, de cuando todo era mejor.
—¿Mejor? ¿En qué sentido?
—Ella decía que había comida para todos.
—Ajam.
—Sí, sólo tenías que ir al supermercado y cogerla. Además, todo el mundo tenía casa y nadie te la podía quitar.
—Claro.
—Y las calles estaban limpias, ¡y eran seguras!
—Seguro que sí.
—Y, sobre todo, la gente no moría de forma injusta.
—¿Sabes qué, Niño? No tuve tiempo de conocer a tu mamá, pero estoy bastante segura de que no me habría gustado. No voy a contarte ningún cuento, pero a cambio te voy a enseñar a sobrevivir. Y créeme, no sólo te será útil ahora. Si el mundo vuelve a ser como antes, vas a necesitar mucho más.


—FIN—

  
Este es el microrrelato correspondiente a mayo y se engloba en el #OrigiReto2019 creado por StibyKatty (en ambos links a los blogs de cada una se pueden consultar las bases). Este texto cumple con lo siguiente:

Caracteres:992
Objetivo #22: Escribe un relato con sólo diálogos o una obra de teatro. Este objetivo puede hacerse a cuatro manos con alguien más del OrigiReto (contará para ambas partes).
Objeto #9: una lata de conservas caducada.

Este microrrelato, además, se enlaza con el relato de mayo de Pirra, Compartiendo mi hogar. 
Gracias por leerme, como siempre, y se agradecen muy mucho los comentarios.